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11 / 06 / 2019

HÁBITOS

Los hábitos son conductas que repetimos muchas veces hasta que forman parte de nuestras actividades diarias y las hacemos de forma automática. Si analizamos nuestra rutina, podemos darnos cuenta de que incluye muchos hábitos: lavarnos los dientes, apagar la luz, hacer la cama, cerrar el auto y otras cosas que hacemos día a día casi sin darnos cuenta. Los hábitos existen porque de esta forma el cerebro ahorra energía que necesita para hacer cosas más importantes, como reflexionar, solucionar un problema, aprender en clases, tomar decisiones, etc.

¿Cómo se forma un hábito? La respuesta es una: con la repetición. Cuando repetimos una misma acción todos los días, finalmente esta se transforma en un hábito y nos supone cada vez menos esfuerzo mental para realizarla.

Es comúnmente conocido que un hábito se forma en 21 días. Sin embargo, aunque esto suene esperanzador, no es cierto para todos los casos. El tiempo que requiere formar un hábito nuevo depende mucho del tipo de actividad que se quiere instalar, de la personalidad y habilidades de la persona y del estilo de vida o rutina que lleva hasta el momento. Sin embargo, en el caso de los niños, la plasticidad neuronal que tiene su cerebro aún en desarrollo facilita la incorporación de nuevos hábitos. Por eso, tenemos que aprovechar esta etapa de nuestros hijos para instalar hábitos esenciales, como los de higiene y limpieza.

Lavarse los dientes es un gran ejemplo, es un hábito que la mayoría de las personas logra instalar en sus rutinas porque es simple, mecánico y no requiere de un gran esfuerzo. Para enseñarle a un niño a lavarse los dientes y convertirlo en un hábito que luego pueda hacer por sí mismo, se recomienda:

  • Ante todo, ser constante e insistir en ello todos los días y ojalá siempre a las mismas horas, desde que tienen sus primeros dientes.
  • Enseñarles una técnica metódica y fácil de recordar. Por ejemplo, lavar los dientes de arriba abajo y de adelante hacia atrás.
  • No dar justificaciones innecesarias o hacer de esta actividad una pelea, sino que tratar de que sea lo más natural posible. Se puede recurrir al humor y al juego hasta que los niños, poco a poco y sin darse cuenta, vayan asimilando la rutina.
  • Dar el ejemplo. Para los niños tiene un gran efecto ver que sus padres se lavan los dientes varias veces al día, de esta forma entienden que “en esta casa hay que lavarse los dientes y es algo bueno porque todos lo hacemos”.
  • Cuando los niños son un poco más grandes y quieren cierta independencia, se les puede poner un recordatorio a ciertas horas o asociarlo a otro hábito ya instalado (por ejemplo, siempre lavarse los dientes después de comer o después de lavarse la cara). También es buena idea tener un registro visual que ellos mismos supervisen, como un calendario donde puedan marcar los días en que se realizó la actividad.

Recuerda que adquirir nuevos hábitos es constituir una nueva habilidad. Al principio el crecimiento es mucho más lento, hasta que, en algún punto, toma velocidad y el esfuerzo que requieres disminuye en proporción. Hay que aprender a formar hábitos sin prisa, pero, sin pausa.

Pero entonces, ¿qué es lo que tenemos que hacer para lograr llegar a este punto? La respuesta es simple: la repetición.

Margarita Vial Irarrázaval
Psicóloga con mención clínica
Pontificia Universidad Católica
Diplomado en coaching educacional Centro MIP
Actualmente trabaja en la Fundación Astoreca, a cargo de un innovador programa para gestionar la cultura escolar en torno a hábitos positivos (www.soyastoreca.cl)